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Las montañas que destruyeron la vida – Bolivar Commercial

Por Fabrcio Caxito

Los signos de una relación no tan amistosa

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Ya sabemos que, a través de su meteorización y erosión, las montañas pueden haber influido en el surgimiento de formas de vida complejas, proporcionando los nutrientes y el oxígeno necesarios para el metabolismo de los animales (como comentaba en un texto anterior, Las montañas que crearon la vida). Pero, ¿la conexión entre ellos y la vida en el planeta siempre ha sido tan amigable?

En algunas regiones del globo, como la costa suroeste de África, los pescadores ya están familiarizados con un fenómeno: las aguas se vuelven turbias y adquieren un fuerte color verdoso, rojo o amarillento. A pesar de la belleza del espectáculo, provocada por una proliferación incontrolada de algas microscópicas, estas mareas o floraciones de algas pueden ser bastante perjudiciales para el ecosistema marino rojo. Al bloquear la luz solar y disminuir la cantidad de oxígeno en el agua, estos microorganismos pueden expulsar o matar peces y otros organismos complejos. Actualmente, una de las causas más comunes de eutrofización, que es el nombre que dan los científicos al fenómeno, es la contaminación humana vertida en los océanos, rica en algas nutritivas, que por tanto se reproducen en exceso.

¿Y por qué las floraciones de algas nos ayudan a comprender la relación entre las montañas y la vida compleja en el planeta?

En el período ediacárico, allá vas hace 600 millones de años, aparecieron algunas novedades: las primeras grandes cadenas montañosas de estilo moderno, es decir, tan altas y continuas como el Himalaya; formas de vida tempranas más complejas que las bacterias y los protozoos simples, como los animales; las conchas y otros mecanismos de protección y adornos. Estas innovaciones y el desarrollo acelerado de organismos fueron posibles gracias a la erosión de las cadenas montañosas que, recién formadas, entregaron una cantidad equilibrada de nutrientes y oxígeno a los mares adyacentes.

Sin embargo, para las formas de vida que habitaban algunos mares, la historia no tuvo un final feliz. En muchos de ellos, hoy ubicados en continentes del hemisferio norte, los primeros organismos complejos dieron paso a las ricas y variadas formas de vida que caracterizan la llamada explosión cámbrica, en el período geológico que siguió. En algunos mares antiguos conservados en el hemisferio sur, como el Mar de Bambú, en Minas Gerais, Bahía y Gois, no hay registros de esta explosión de vida compleja.

El Mar de Bambú se desarrolló en una situación peculiar en el Ediacarán: comenzó alrededor de 540 a 540 millones de años, en la ladera de una gran cadena montañosa cuyos restos se encuentran hoy en el centro de Brasil. La erosión de estas montañas proporcionó los nutrientes y el oxígeno necesarios para el desarrollo de formas de vida ediacáricas, como Cloudina sp. organismos, los primeros en tener caparazón. calcreas para protegerse de los depredadores en el fondo marino. Sin embargo, poco después, hace unos millones de años, el Bambú se encontró rodeado de montañas por todos lados, y terminó convirtiéndose en una cuenca cerrada, similar a la que hoy es el Mar Muerto. La erosión de estas montañas aportó una cantidad incontrolada de nutrientes a la cuenca, y la falta de conexión con el océano impidió la renovación de las aguas. Debido al estancamiento de las aguas, la cuenca sufrió una fuerte eutrofización, las floraciones de algas tóxicas agotaron el oxígeno e impidieron el desarrollo de la fauna típica del Cámbrico.

Hay un efecto Ricitos de Oro en la relación entre las cadenas montañosas y la vida compleja. En la historia, la niña no puede comer las gachas de Papa Bear porque hace demasiado calor, ni las gachas de Mother Bear porque hace demasiado frío, pero las gachas de Baby Bear son las adecuadas para ella, así como la cama de Baby Bear, etc. . Efectos de este tipo o nivel óptimo se conocen y discuten en varias áreas, como la definición de las zonas habitables de los sistemas estelares, donde un planeta debe estar a una distancia óptima de una estrella. Si las montañas proporcionan los factores necesarios para la vida, un exceso de ellos alrededor de un mar antiguo puede haber tenido un efecto opuesto, perjudicial para la vida compleja. Hablamos de ello en este artículo publicado recientemente en Scientific Reports.

La historia registrada en los mares antiguos puede enseñarnos. Leemos en las rocas la devastación e incluso la extinción de formas de vida ancestrales, provocada por el exceso de nutrientes en las aguas. Desafortunadamente, hoy estamos simulando estos efectos naturales liberando contaminantes en los océanos, a intervalos mucho más rápidos de lo que jamás ha conocido la historia de la Tierra. Depende de nosotros entender las advertencias que nos da el planeta, y evitar deliberadamente seguir caminos que ya han demostrado ser catastróficos.

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Fabrcio Caxito, profesor de geología y estudiante de filosofía en la UFMG.

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